Sueño con lo que pueda encontrar en este nuevo destino, aunque nunca llegué al anterior, si conozco matices del mismo y por lo mismo pienso creo saber lo que podía esperar de aquel al que nunca llegué.
En el tren que dejo, dejo poco pero a la vez mucho. Dejo atrás 2 años de mi vida, sin embargo, son 2 años de mi vida los que me llevo conmigo también, 2 años que paradójicamente pasaron en ese tren, pero a la vez lejos de él. Físicamente estuve siempre ahí, mentalmente sólo a veces.
Aún así, creo que es inevitable sentir nostalgia por lo que abandoné. Así también es inevitable preguntarme que hubiese sido de mí llegando a aquel destino en aquel tren.
Pienso que seguiré aquí haciéndome preguntas sin respuesta hasta que el nuevo tren pase y lo tome. Ahí ya podré tener una perspectiva más amplia del lugar donde puedo llegar y que esperar de él.
Entre nervios y recuerdos me encuentro sólo, sin tener claro que será de mi futuro ni donde estará el mismo, solamente la esperanza y la ilusión me mantienen esperando.
Ansío ya enrumbarme a este nuevo lugar, consciente de que no será fácil llegar, que probablemente no vaya a ir tan cómodo en este viaje como en el anterior, pero a sabiendas de que llegando a mí destino veré recompensado de muchas maneras el trajín de este viaje.
Al fin y al cabo esto es lo bonito del tren de la vida, que no te impone ningún camino, te permite rectificar, tomar tus propias decisiones y arrepentirte de las mismas, y de esta manera empezar de nuevo. Pero lo más bonito es que no importa cuántas veces tengas que rectificar y cambiar el rumbo, la vida te devuelve la ilusión del comienzo.

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