miércoles, 27 de mayo de 2009

Así es como se siente amarla...

No era ni por asomo lo que yo esperaba, mucho menos lo que buscaba, pero era lo que la vida tenía para mí, y hoy le estoy eternamente agradecido a la misma por haberla puesto en mi camino.

Con ella, aprendí lo que es en realidad amar, su presencia me enseñó a conocer una parte de la vida que siempre consideré una mera utopía…con ella aprendí que cuando el corazón siente, habla por sí solo…

Las frases que para mí nunca pasaron por más que simples cursilerías, hoy las expreso con la única intención de que ella se de cuenta, que mi amor hacia ella continúa latente, y que no importa lo que pase, siempre cuenta conmigo.

Los abrazos y los besos, son una forma de expresar lo que ya no alcanza con palabras, una manera palpable de demostrarle día a día la sinceridad de mis sentimientos.

Por momentos, me frustra el hecho de sentir que no tengo forma de demostrarle como mi querer aumenta minuto a minuto, como con cada segundo que pasa su existencia atañe más a la mía.

Indudablemente, ella se ha convertido en un ángel para mí, me ha transformado en una persona feliz, me ha hecho sentir completo, y cuando mi inspiración no aparece basta pensarla para que la misma salga a la luz.

Cada momento a su lado, me recuerda una de mis frases favoritas para vivir la vida, “El pasado es historia, el futuro es incierto, y el ahora es un regalo…por eso se llama presente”. Y ante esto, de nuevo gracias a la vida, por haberme dado el mejor presente, aquel que nunca pedí pero que sin duda, resultó ser el ideal para mí.

Con un año de estar a su lado, me siento capaz de imaginarme toda una vida con ella, pues a su lado experimento grandes emociones al doble de lo que lo haría estando sólo, porque ella me demostró que la manera más factible de volver tangibles mis sueños, es estando a su lado.

Para finalizar, únicamente envío una petición a la vida misma para que no me quite lo más grande y hermoso que me ha dado, y ante la incertidumbre de hacia donde nos llevará esto, espero siempre tomar las decisiones que me lleven a estar con ella, con el amor de mi vida…

sábado, 23 de mayo de 2009

No hay de otra, ¡la espera tiene que acabar!

Soy herediano, y como tal debo admitir que mi historia como aficionado al fútbol no está necesariamente, ligada al éxito ni a la felicidad…

Por ser herediano me ha tocado sufrir, me ha tocado llorar, y he tenido que soportar a gente que no vive el fútbol con la mitad de la pasión con la que yo lo vivo, mofarse de mí y de mi equipo…

Son 16 años ya, 16 años de frustraciones una tras otra, de vivir bajo falsas ilusiones que nos crearon dirigentes ladrones cuyo poder de convencimiento no tiene nada que envidiarle al del Padre Minor.

Pero afortunadamente, todo lo que comienza tiene su final…y el final de esta situación por fin parece acercarse.

El aficionado herediano respira un aire completamente distinto al de los últimos años de nefasta historia, los vientos de gloria parecen soplar de nuevo sobre una ciudad que se olvidó de festejar, de sonreír…una ciudad que se olvidó de ganar.

Sería un justo premio para una organización tan gloriosa del fútbol costarricense, observar de nuevo, su bandera ondeando en las 12 canchas del fútbol de la primera división.

Sería un justo premio para una afición que con los años se ha visto reducida pero a su vez fortalecida, al menos en espíritu, volver a llamar “campeón” al equipo de sus amores…

Y por supuesto, sería justo también para alguno que otro integrante del plantel, saberse gestor de la felicidad más grande que el pueblo herediano haya experimentado en el nuevo siglo…

Pero por supuesto, no hablemos de justicia porque esto es fútbol. Los jugadores serán los encargados de ganarse en la cancha (si, en la cancha morados), el respeto que se atribuye a un equipo campeón, y la afición, que tanto ha sido pisoteada en estos años de oscurantismo, deberá demostrar en la grada porqué la grandeza no la mide un número, la mide el tamaño del corazón…

Por lo pronto, solo resta esperar, esperar el momento en el que estas palabras de anhelo, se conviertan en palabras de agradecimiento para quienes espero, logren darle el derecho a mi amada institución de portar la estrella número 22 en su camiseta…

miércoles, 20 de mayo de 2009

Cuando la familia mancha su propio nombre...

El deporte, sin duda alguna, la pasión más grande que haya existido en la historia de la humanidad. Una gran familia capaz de unir al mundo como nada ni nadie más lo puede lograr.


Para muchos, ser profesional del deporte representa una de las profesiones más envidiables, pues te da reconocimiento, fama, dinero, en fin…el deporte te da nombre.


Lamentablemente, existen quienes una vez alcanzado el derecho a portar este nombre, el nombre de “deportista profesional” con el que tantos sueñan, terminan simplemente arruinando sus carreras y sus vidas personales, e incluso socavando el nombre de esta honorable familia.


Si bien es cierto los deportistas son humanos, y como cualquiera de nosotros tienen todo el derecho a cometer errores y obtener una oportunidad de resarcirse. A pesar de esto, como en toda profesión, existen errores que simplemente no se pueden cometer.


Si en un principio un deportista es seleccionado, entre miles de aspirantes, a convertirse en profesional, es porque reúne condiciones que lo hacen destacar entre los demás, porque cuando entra en acción produce alguna sensación que muy pocos son capaces de generar en la retina de un público tan exigente como el que vive el deporte.


Pero por supuesto, no todo acaba en ese momento, y como todo en esta vida, siempre existe algo más por que luchar, algo más por que esforzarse cada día, algo más por que soñar…


Sin embargo, para algunos de estos deportistas la ilusión muere en ocasiones muy rápidamente, su cerebro no ha sido educado para enfocarse en un cierto objetivo y luchar por logarlo, por lo que terminan simplemente perdiendo el camino que lleva a lo que en un principio soñaron con alcanzar…


En una profesión que te genere fama y dinero, existen también aspectos que podrían resultar contraproducentes en la ruta hacia el éxito. Siempre te encontrarás con presiones de parte de todos aquellos quienes observan con lupa tu trabajo, aquellos que a como te defienden…momentos después te atacan.


Ante esto, también existen aquellos deportistas, que al no confiar plenamente en sus cualidades, deciden optar por el empleo de sustancias ilegales que, si bien mejoran el rendimiento, una vez descubiertas manchan el nombre del deporte.


Por esto pienso que deportistas teóricamente existen muchos, pero pocos son los que merecen ser llamados “profesionales del deporte”, los que logran superar estas presiones basados en sus propias habilidades, para cimentar una carrera cuya base sea el éxito. Y uno como fanático, ¿Qué hace al respecto? No queda más que observar como uno de tus ídolos termina en el anonimato, destrozado por la presión de prensa y afición, y refugiado en los vicios, desnudando así los defectos que te recuerdan que no es más que un ser humano.


En mi caso, esta desilusión de fanático la viví en la persona de Froylán Ledezma, un jugador que prometía convertirse en un futuro en el principal referente del poco conocido fútbol de Costa Rica.

Sus grandes condiciones lo llevaron a ser transferido a uno de los equipos más importantes del planeta fútbol, el Ajax de Ámsterdam, sin siquiera haber cumplido los 20 años.


Pero sus habilidades futbolísticas no bastaron, y la carencia de una educación plena lo llevó a sucumbir ante el poder que aparentan dar la fama y el dinero.


Se preguntarán ¿Porqué termina aquí mi reseña del “Cachorro” Ledezma?, bueno porque el resto de su carrera ha estado marcada por el fracaso, el alcohol y el conformismo de un hombre que desperdició una oportunidad que muchos otros hubiéramos soñado.


Hoy nadie se acuerda de Froylán, o al menos del Froylán que una vez fue, solamente aquellos que pensamos con nostalgia en la ilusión que generó en nosotros, y que él mismo se encargo de desvanecer.


Y así como el de Froylán, existen muchos otros casos alrededor del mundo, de deportistas que con sus actos, han teñido de negro el nombre de la familia del deporte, y han robado el sueño de muchos otros que desearían ser parte de ella.