Lo veo alejarse, cada vez que estoy ahí estos últimos días del año veo como se va perdiendo una parte más de ese tren en el horizonte. Yo decidí bajarme, por muchas razones, sofoque quizás, necesidad de enrumbarme hacia otro destino, otro del que me han hablado y quiero conocer, que me plantea retos nuevos y más acordes, al menos a simple vista, con mi forma de pensar y ver las cosas.
Sueño con lo que pueda encontrar en este nuevo destino, aunque nunca llegué al anterior, si conozco matices del mismo y por lo mismo pienso creo saber lo que podía esperar de aquel al que nunca llegué.
En el tren que dejo, dejo poco pero a la vez mucho. Dejo atrás 2 años de mi vida, sin embargo, son 2 años de mi vida los que me llevo conmigo también, 2 años que paradójicamente pasaron en ese tren, pero a la vez lejos de él. Físicamente estuve siempre ahí, mentalmente sólo a veces.
Aún así, creo que es inevitable sentir nostalgia por lo que abandoné. Así también es inevitable preguntarme que hubiese sido de mí llegando a aquel destino en aquel tren.
Pienso que seguiré aquí haciéndome preguntas sin respuesta hasta que el nuevo tren pase y lo tome. Ahí ya podré tener una perspectiva más amplia del lugar donde puedo llegar y que esperar de él.
Entre nervios y recuerdos me encuentro sólo, sin tener claro que será de mi futuro ni donde estará el mismo, solamente la esperanza y la ilusión me mantienen esperando.
Ansío ya enrumbarme a este nuevo lugar, consciente de que no será fácil llegar, que probablemente no vaya a ir tan cómodo en este viaje como en el anterior, pero a sabiendas de que llegando a mí destino veré recompensado de muchas maneras el trajín de este viaje.
Al fin y al cabo esto es lo bonito del tren de la vida, que no te impone ningún camino, te permite rectificar, tomar tus propias decisiones y arrepentirte de las mismas, y de esta manera empezar de nuevo. Pero lo más bonito es que no importa cuántas veces tengas que rectificar y cambiar el rumbo, la vida te devuelve la ilusión del comienzo.
Recuerdo una ocasión hace ya bastante tiempo, en que alguien me hacía una de esas preguntas que parecen tontas pero que delatan sueños, admiraciones, deseos y otras cosas, la clásica pregunta “¿Si pudiera ser otra persona, quién sería?”, y no necesité meditar mi respuesta durante mucho rato, simplemente dije, Michael Jordan.
No me malinterpreten, soy feliz siendo la persona que soy, no me quejo. Y talvez ni siquiera sea que quiero ser él precisamente, pero sería el modelo de persona que elegiría ser si tuviera necesariamente que elegir otro.
Sus habilidades en la cancha, incuestionables. Inmortalizó jugadas que quedaran en mi memoria con él como único gestor, un up and under con cambio de mano incluido por ejemplo, un tiro a falta de 1 segundo para cambiar el rumbo de una serie de campeonato, en fin, tantas jugadas que guardo en mi mente, en cuadros donde él aparece como actor principal.
No sólo inmortalizó jugadas, también inmortalizó frases. Frases que aplico cada vez que me propongo trascender en algo, frases que vienen a mi mente cuando quiero demostrar fortaleza, frases que uso cuando quiero sentir en mí, parte de un ídolo.
Tardó en llegar este día, en el que finalmente se abriera un campo en el Salón de la Fama del Baloncesto para rendir tributo, al que es más que el mejor basketbolista de todos los tiempos, el MEJOR DEPORTISTA que el mundo haya visto.
Forjaste una dinastía con una franquicia que no era nada antes de ti, instauraste una nueva escuela en el baloncesto, y lo más importante…demostraste que existe un hombre capaz de volar.
Un antes y un después de tu legado Michael, un antes y un después para los Bulls, para la NBA y para el mundo del deporte.
Por eso, fuiste, eres y serás lo más grande que mis ojos hayan visto. ¡¡Gracias Michael!!
"Puedo aceptar fallar, pero no puedo aceptar el no intentarlo."
“Quien dice que juega al limite, es porque lo tiene”
"Nunca me fijé en las consecuencias de perder un tiro importante... uando tu piensas en las consecuencias, siempre piensas en un resultado negativo"
No hay más que esto. En el papel es simple, es muy poco quizás. Sobre el papel es precisamente, donde pongo las cartas y las juego a mi modo, aunque en un principio pueda no estar seguro de lo que haré con ellas.
Es el corazón la guía perfecta, son las emociones. El momento no hay que forzarlo, simplemente esperarlo, pacientemente. Me vuelvo adicto, me excito cuando siento que el juego de cartas me favorece, porque se que es el momento. Mi único rival, el tiempo, ya he aprendido a vencerlo, de nuevo, con la paciencia.
Es una especie de transporte a un diferente sitio emocional, donde reina la paz, reina la vida. Sólo importa lo que yo sienta, y eso a nadie más le hace daño, porque en el momento sólo estoy yo ahí.
La concentración me favorece, alrededor nada más existe. La obra toma forma mientras la tarde se desvanece. Ha sido una tarde provechosa, he logrado sentirme aliviado, acomodado, desconectado por un momento de todo.
No visualizo aún el final, ni quiero hacerlo. Es una de esas ocasiones en las que todo fluye, y nada altera esa fluidez, no lo voy a permitir. Quién sabe que resultará, ni yo lo sé todavía. El final llegará en su debido momento, cuando las cartas se hayan exprimido una a una.
Afuera llueve y eso me relaja aún más. Ahora más que nunca es cuando no quiero pensar en nada más, todo tiene un orden que ya establecí, pero que aún no inmortalicé. No me apuro. Bajo la calma que reina en mí, no morirá nada.
Lentamente se terminan de acomodar las cartas. Ahora si se acerca el final, pero ya no me desalienta que llegue. Se que todo ha salido bien, y que la sensación de bienestar perdurará por un tiempo al menos, hasta que vuelva a escribir algo nuevo…
El mundo… el mundo como espacio físico me parece en su mayoría maravilloso, inspirador y motivante. A pesar de los factores exógenos que lo corrompen, su belleza física aún no muere, y continúa engalanándonos.
Sin embargo, el que su belleza esté a la vista de todos, no significa que todos lo apreciemos de la misma manera. En mi caso no es porque piense diferente, sino porque veo diferente.
Con el tiempo me convencí de que es un privilegio ver las cosas como pocos lo hacen, y que a pesar de que se pueda considerar una pequeña discapacidad, en lo personal lo tomo como una capacidad distinta.
Basta pensar un poco nada más, para caer en cuenta que si lo logré mantener en secreto durante mis primeros 15 años de vida, con la inocencia propia de esos años, es porque en realidad, el problema no existe.
Si el zacate es verde, poco me importa, igual lo puedo pisar, igual lo puedo sentir. Si el mar es rojo o es azul ¡No lo sé!, aún así puedo admirar su grandeza y su belleza. ¿Los árboles son cafés, y sus hojas verdes?, da igual, siguen siendo majestuosos y me puedo refugiar en su sombra cuando sea necesario.
Sí, soy daltónico y de niño me afectó serlo, por eso lo escondí con recelo. Pero una vez que crecí, me di cuenta que no importa de que color vea el mundo, lo que importa es la felicidad que me provoca observar la grandeza que éste encierra.
Hace 2 años tomé una de las decisiones más trascendetales de mi vida, me decidí a seguir aquel sueño que floreció en años de colegio, aquel que a pesar de las dudas paralelas a su existencia, continúa haciendose fuerte...
No sabía de la existencia de la carrera de Comunicación Colectiva como tal, simplemente sabía que quería estudiar periodismo en la UCR, así que si tenía que esperar año y medio para llevar el primer curso periodístico, ¿Que importaba? me sentía capaz de aguantar lo que viniera.
Entrando no más, me di cuenta que no era como la mayoría de personas que cursaban la carrera, pues soy una persona más reservada, más seria y no ocupo relacionarme con mucha gente para estar feliz, por lo tanto el adjetivo de antisocial no calza con mi persona.
La carrera no es ni por asomo la más dura de cursar, sin embargo defiendo a como de lugar, que exije como pocas una verdadera vocación para estudiarla, y aún mas para ejercerla...
La motivación ha amenazado un par de veces con su desvanecimiento, la idea de cambiar de rumbo ha estado latente, miles de preguntas afloran en mi cabeza, y a no todas les encuentro respuesta, pero creo que el tiempo me las dará, al menos eso creo...
Si he considerado dejar ir todo y no lo he hecho, es porque se que no soportaría vivir bajo la sombra de un sueño que no fui capaz de alcanzar, la decepción de haberme dado por derrotado sin siquiera haber luchado verdaderamente.
Mientras el tiempo sigue su curso, el vigor de esta idea me impide darme por vencido, soy el único capaz de entender cuanto lo quiero lograr, y a la vez el único con el poder de demostrar lo que delatan mis palabras...
No ha sido fácil mantenerme, ha habido caídas, pero hoy encuentro mi recompensa en tanto vuelvo de un agotador día de U y me doy cuenta, que he dado un paso pequeño si se quiere, pero en esencia un paso más hacia la consecusión de un sueño...
A un año de que de inicio el evento máximo del deporte más hermoso del planeta, La Copa del Mundo de fútbol Sudáfrica 2010, el orbe palpita desde ya las diversas emociones que supone un torneo de tal magnitud.
Desde la alegría y satisfacción de los ya clasificados, pasando por la esperanza y la fé de aquellos que aún luchan por llegar, hasta la decepción y la frustración de quienes el sueño de ver a su país en la máxima cita, se ha esfumado por completo.
¿Y Costa Rica?
Nuestro país no escapa ni por un momento a este fenómeno de superlativas dimensiones. Costa Rica palpita, huele y respira mundial...y lo hace con ilusión.
Una ilusión fortalecida luego de los resultados que arrojó una semana de eliminatorias que ni el más apasionado y fiel de los aficionados, hubiese imaginado para nuestra Selección Nacional. Nos encontramos a mitad de la ruta hacia el mundial, y la tricolor parece no poder estar mejor encaminada.
Mucho se podrá decir acerca de que somos líderes absolutos del hexagonal, o que somos el equipo con más victorias en la eliminatoria mundialista a nivel mundial, y quizá todo eso sirve para explicar el buen momento de la nacional pero, en mi opinión, las implicaciones de un momento como este son capaces de expresarse más allá de la fría estadística...
En estos momentos es donde la Selección Nacional se convierte en algo más que un equipo de fútbol, ahora sí es "el equipo de todos", uno de los pocos motivos que tiene la gente para enorgullecerse de un país que en general, no atraviesa buenos tiempos...
Sabemos que a pesar de ser un país futbolero, no a todos les agrada este deporte, o no todos lo viven y lo sienten de la misma manera, pero vamos, a nadie le viene mal una noticia de este tipo, y además como se dice popularmente, "están representando bien al país".
De todos modos, ¡Gracias Sele!, gracias por haber devuelto un poco de la esperanza y la alegría que han resultado perdidas para este país, gracias por enviarnos un mensaje de positivismo entre tanta decepción creciente en nuestra sociedad. Gracias...por impregnarle a Costa Rica un tenue pero agradable, olor a mundial...
No era ni por asomo lo que yo esperaba, mucho menos lo que buscaba, pero era lo que la vida tenía para mí, y hoy le estoy eternamente agradecido a la misma por haberla puesto en mi camino.
Con ella, aprendí lo que es en realidad amar, su presencia me enseñó a conocer una parte de la vida que siempre consideré una mera utopía…con ella aprendí que cuando el corazón siente, habla por sí solo…
Las frases que para mí nunca pasaron por más que simples cursilerías, hoy las expreso con la única intención de que ella se de cuenta, que mi amor hacia ella continúa latente, y que no importa lo que pase, siempre cuenta conmigo.
Los abrazos y los besos, son una forma de expresar lo que ya no alcanza con palabras, una manera palpable de demostrarle día a día la sinceridad de mis sentimientos.
Por momentos, me frustra el hecho de sentir que no tengo forma de demostrarle como mi querer aumenta minuto a minuto, como con cada segundo que pasa su existencia atañe más a la mía.
Indudablemente, ella se ha convertido en un ángel para mí, me ha transformado en una persona feliz, me ha hecho sentir completo, y cuando mi inspiración no aparece basta pensarla para que la misma salga a la luz.
Cada momento a su lado, me recuerda una de mis frases favoritas para vivir la vida, “El pasado es historia, el futuro es incierto, y el ahora es un regalo…por eso se llama presente”. Y ante esto, de nuevo gracias a la vida, por haberme dado el mejor presente, aquel que nunca pedí pero que sin duda, resultó ser el ideal para mí.
Con un año de estar a su lado, me siento capaz de imaginarme toda una vida con ella, pues a su lado experimento grandes emociones al doble de lo que lo haría estando sólo, porque ella me demostró que la manera más factible de volver tangibles mis sueños, es estando a su lado.
Para finalizar, únicamente envío una petición a la vida misma para que no me quite lo más grande y hermoso que me ha dado, y ante la incertidumbre de hacia donde nos llevará esto, espero siempre tomar las decisiones que me lleven a estar con ella, con el amor de mi vida…
Soy herediano, y como tal debo admitir que mi historia como aficionado al fútbol no está necesariamente, ligada al éxito ni a la felicidad…
Por ser herediano me ha tocado sufrir, me ha tocado llorar, y he tenido que soportar a gente que no vive el fútbol con la mitad de la pasión con la que yo lo vivo, mofarse de mí y de mi equipo…
Son 16 años ya, 16 años de frustraciones una tras otra, de vivir bajo falsas ilusiones que nos crearon dirigentes ladrones cuyo poder de convencimiento no tiene nada que envidiarle al del Padre Minor.
Pero afortunadamente, todo lo que comienza tiene su final…y el final de esta situación por fin parece acercarse.
El aficionado herediano respira un aire completamente distinto al de los últimos años de nefasta historia, los vientos de gloria parecen soplar de nuevo sobre una ciudad que se olvidó de festejar, de sonreír…una ciudad que se olvidó de ganar.
Sería un justo premio para una organización tan gloriosa del fútbol costarricense, observar de nuevo, su bandera ondeando en las 12 canchas del fútbol de la primera división.
Sería un justo premio para una afición que con los años se ha visto reducida pero a su vez fortalecida, al menos en espíritu, volver a llamar “campeón” al equipo de sus amores…
Y por supuesto, sería justo también para alguno que otro integrante del plantel, saberse gestor de la felicidad más grande que el pueblo herediano haya experimentado en el nuevo siglo…
Pero por supuesto, no hablemos de justicia porque esto es fútbol. Los jugadores serán los encargados de ganarse en la cancha (si, en la cancha morados), el respeto que se atribuye a un equipo campeón, y la afición, que tanto ha sido pisoteada en estos años de oscurantismo, deberá demostrar en la grada porqué la grandeza no la mide un número, la mide el tamaño del corazón…
Por lo pronto, solo resta esperar, esperar el momento en el que estas palabras de anhelo, se conviertan en palabras de agradecimiento para quienes espero, logren darle el derecho a mi amada institución de portar la estrella número 22 en su camiseta…
El deporte, sin duda alguna, la pasión más grande que haya existido en la historia de la humanidad. Una gran familia capaz de unir al mundo como nada ni nadie más lo puede lograr.
Para muchos, ser profesional del deporte representa una de las profesiones más envidiables, pues te da reconocimiento, fama, dinero, en fin…el deporte te da nombre.
Lamentablemente, existen quienes una vez alcanzado el derecho a portar este nombre, el nombre de “deportista profesional” con el que tantos sueñan, terminan simplemente arruinando sus carreras y sus vidas personales, e incluso socavando el nombre de esta honorable familia.
Si bien es cierto los deportistas son humanos, y como cualquiera de nosotros tienen todo el derecho a cometer errores y obtener una oportunidad de resarcirse. A pesar de esto, como en toda profesión, existen errores que simplemente no se pueden cometer.
Si en un principio un deportista es seleccionado, entre miles de aspirantes, a convertirse en profesional, es porque reúne condiciones que lo hacen destacar entre los demás, porque cuando entra en acción produce alguna sensación que muy pocos son capaces de generar en la retina de un público tan exigente como el que vive el deporte.
Pero por supuesto, no todo acaba en ese momento, y como todo en esta vida, siempre existe algo más por que luchar, algo más por que esforzarse cada día, algo más por que soñar…
Sin embargo, para algunos de estos deportistas la ilusión muere en ocasiones muy rápidamente, su cerebro no ha sido educado para enfocarse en un cierto objetivo y luchar por logarlo, por lo que terminan simplemente perdiendo el camino que lleva a lo que en un principio soñaron con alcanzar…
En una profesión que te genere fama y dinero, existen también aspectos que podrían resultar contraproducentes en la ruta hacia el éxito. Siempre te encontrarás con presiones de parte de todos aquellos quienes observan con lupa tu trabajo, aquellos que a como te defienden…momentos después te atacan.
Ante esto, también existen aquellos deportistas, que al no confiar plenamente en sus cualidades, deciden optar por el empleo de sustancias ilegales que, si bien mejoran el rendimiento, una vez descubiertas manchan el nombre del deporte.
Por esto pienso que deportistas teóricamente existen muchos, pero pocos son los que merecen ser llamados “profesionales del deporte”, los que logran superar estas presiones basados en sus propias habilidades, para cimentar una carrera cuya base sea el éxito. Y uno como fanático, ¿Qué hace al respecto? No queda más que observar como uno de tus ídolos termina en el anonimato, destrozado por la presión de prensa y afición, y refugiado en los vicios, desnudando así los defectos que te recuerdan que no es más que un ser humano.
En mi caso, esta desilusión de fanático la viví en la persona de Froylán Ledezma, un jugador que prometía convertirse en un futuro en el principal referente del poco conocido fútbol de Costa Rica.
Sus grandes condiciones lo llevaron a ser transferido a uno de los equipos más importantes del planeta fútbol, el Ajax de Ámsterdam, sin siquiera haber cumplido los 20 años.
Pero sus habilidades futbolísticas no bastaron, y la carencia de una educación plena lo llevó a sucumbir ante el poder que aparentan dar la fama y el dinero.
Se preguntarán ¿Porqué termina aquí mi reseña del “Cachorro” Ledezma?, bueno porque el resto de su carrera ha estado marcada por el fracaso, el alcohol y el conformismo de un hombre que desperdició una oportunidad que muchos otros hubiéramos soñado.
Hoy nadie se acuerda de Froylán, o al menos del Froylán que una vez fue, solamente aquellos que pensamos con nostalgia en la ilusión que generó en nosotros, y que él mismo se encargo de desvanecer.
Y así como el de Froylán, existen muchos otros casos alrededor del mundo, de deportistas que con sus actos, han teñido de negro el nombre de la familia del deporte, y han robado el sueño de muchos otros que desearían ser parte de ella.