El mundo… el mundo como espacio físico me parece en su mayoría maravilloso, inspirador y motivante. A pesar de los factores exógenos que lo corrompen, su belleza física aún no muere, y continúa engalanándonos.
Sin embargo, el que su belleza esté a la vista de todos, no significa que todos lo apreciemos de la misma manera. En mi caso no es porque piense diferente, sino porque veo diferente.
Con el tiempo me convencí de que es un privilegio ver las cosas como pocos lo hacen, y que a pesar de que se pueda considerar una pequeña discapacidad, en lo personal lo tomo como una capacidad distinta.
Basta pensar un poco nada más, para caer en cuenta que si lo logré mantener en secreto durante mis primeros 15 años de vida, con la inocencia propia de esos años, es porque en realidad, el problema no existe.
Si el zacate es verde, poco me importa, igual lo puedo pisar, igual lo puedo sentir. Si el mar es rojo o es azul ¡No lo sé!, aún así puedo admirar su grandeza y su belleza. ¿Los árboles son cafés, y sus hojas verdes?, da igual, siguen siendo majestuosos y me puedo refugiar en su sombra cuando sea necesario.
Sí, soy daltónico y de niño me afectó serlo, por eso lo escondí con recelo. Pero una vez que crecí, me di cuenta que no importa de que color vea el mundo, lo que importa es la felicidad que me provoca observar la grandeza que éste encierra.
:)
ResponderEliminarMae, me gustó mucho. Tiene razón, al final quién cuál es el verdadero color de las cosas?
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