El deporte, sin duda alguna, la pasión más grande que haya existido en la historia de la humanidad. Una gran familia capaz de unir al mundo como nada ni nadie más lo puede lograr.
Para muchos, ser profesional del deporte representa una de las profesiones más envidiables, pues te da reconocimiento, fama, dinero, en fin…el deporte te da nombre.
Lamentablemente, existen quienes una vez alcanzado el derecho a portar este nombre, el nombre de “deportista profesional” con el que tantos sueñan, terminan simplemente arruinando sus carreras y sus vidas personales, e incluso socavando el nombre de esta honorable familia.
Si bien es cierto los deportistas son humanos, y como cualquiera de nosotros tienen todo el derecho a cometer errores y obtener una oportunidad de resarcirse. A pesar de esto, como en toda profesión, existen errores que simplemente no se pueden cometer.
Si en un principio un deportista es seleccionado, entre miles de aspirantes, a convertirse en profesional, es porque reúne condiciones que lo hacen destacar entre los demás, porque cuando entra en acción produce alguna sensación que muy pocos son capaces de generar en la retina de un público tan exigente como el que vive el deporte.
Pero por supuesto, no todo acaba en ese momento, y como todo en esta vida, siempre existe algo más por que luchar, algo más por que esforzarse cada día, algo más por que soñar…
Sin embargo, para algunos de estos deportistas la ilusión muere en ocasiones muy rápidamente, su cerebro no ha sido educado para enfocarse en un cierto objetivo y luchar por logarlo, por lo que terminan simplemente perdiendo el camino que lleva a lo que en un principio soñaron con alcanzar…
En una profesión que te genere fama y dinero, existen también aspectos que podrían resultar contraproducentes en la ruta hacia el éxito. Siempre te encontrarás con presiones de parte de todos aquellos quienes observan con lupa tu trabajo, aquellos que a como te defienden…momentos después te atacan.
Ante esto, también existen aquellos deportistas, que al no confiar plenamente en sus cualidades, deciden optar por el empleo de sustancias ilegales que, si bien mejoran el rendimiento, una vez descubiertas manchan el nombre del deporte.
En mi caso, esta desilusión de fanático la viví en la persona de Froylán Ledezma, un jugador que prometía convertirse en un futuro en el principal referente del poco conocido fútbol de Costa Rica.
Sus grandes condiciones lo llevaron a ser transferido a uno de los equipos más importantes del planeta fútbol, el Ajax de Ámsterdam, sin siquiera haber cumplido los 20 años.
Pero sus habilidades futbolísticas no bastaron, y la carencia de una educación plena lo llevó a sucumbir ante el poder que aparentan dar la fama y el dinero.
Se preguntarán ¿Porqué termina aquí mi reseña del “Cachorro” Ledezma?, bueno porque el resto de su carrera ha estado marcada por el fracaso, el alcohol y el conformismo de un hombre que desperdició una oportunidad que muchos otros hubiéramos soñado.
Hoy nadie se acuerda de Froylán, o al menos del Froylán que una vez fue, solamente aquellos que pensamos con nostalgia en la ilusión que generó en nosotros, y que él mismo se encargo de desvanecer.
Y así como el de Froylán, existen muchos otros casos alrededor del mundo, de deportistas que con sus actos, han teñido de negro el nombre de la familia del deporte, y han robado el sueño de muchos otros que desearían ser parte de ella.
mae y ningun deporte esta fuera de esto, como el caso de phelps que a pesar de que habia hecho algo heroico lo arruino con las babosadas qe hizo, muchas veces es q la fama se les sube a la cabeza y se creen intocables, pero despues todo se les viene abajo, esperemos que estos casos en un futuro sean minimos y todos podamos disfrutar del espectaculo que nos proporcionan deportistas ejemplares.
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